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El caso Sarmiento -Capitulo XIII- Lentejas, bellotas, sorpresas

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    Silvio Berlusconi   Hay treinta y dos nombres en la lista. Lo he comprobado, después de acompañar a Einstein a una biblioteca de barrio  de donde ha salido — al cabo de cinco minutos— con las fotocopias reducidas de las páginas 12 a 20, de lo que puede ser una escritura o un documento legal por el estilo. Es un listado de los beneficiarios de la generosidad de los Sarmiento; sus compañeros de viaje a no sé dónde. Cada entrada es un nombre, una dirección, un teléfono. El resto de líneas enteras censuradas por el sencillo sistema de tacharlas con un rotulador negro de punta gruesa. No queda huella de cuánto, cómo o por qué. Cuento las hojas de papel, son solo cinco cuartillas que han debido estar escondidas entre las guardas de algún libro. Dudo preguntarle a Einstein cómo escoge el libro, cómo considera cuál es en el que nunca nadie va a reparar; aquel que no llamará la atención lo suficiente para que ningún lector lo saque del anaquel y lo hojee distra...

El caso Sarmiento -Capítulo XII- El Barrio Viejo

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    Lucrecia Borja   He llegado, pocos minutos antes de las cuatro, a la Ronda. Las tiendas de informática, que por algún desconocido proceso metabólico de la ciudad, han acabado concentrándose aquí, están todavía cerradas.  Por eso, mientras abren ,  b usco un cajero automático, para conseguir un poco de efectivo. El que encuentro está en el exterior del banco, en la fachada, y eso siempre me da mal rollo, pero hay que joderse. Cada vez más entidades, fuera del horario comercial, cierran sus vestíbulos; es para mantener fuera a los indigentes y evitar que los usen como hostels para pasar la noche. Tengo una muda conversación con la máquina y le convenzo de que me de dinero. Cuando estoy a punto de marcharme, el cajero escupe, con un último esfuerzo, un recibo que no le he pedido. Le echo un ojo; además de la cantidad que he sacado ¡hay otra que me sorprende! A primera vista me parece el saldo correcto que podía esperar, pero con una cifra de más, un sei s,...

El caso Sarmiento -Capítulo XI -Vistas al mar

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Rutherford B. Hayes  Vistas al Mar — Las heridas de las esquirlas se han infectado, no es algo grave, pero mejor ponerle un tratamiento, unas pastillas. También le daré unas vitaminas y sales minerales, ha perdido mucho líquido durante su encierro. Me dice el médico. Aunque no se ha presentado como tal, digo que lo es porque lleva bata y un estetoscopio al cuello, también una tarjeta plástica colgando del bolsillo, una de esas gruesas que son un contador de radiación. Cuando la vi me pregunté si era radiólogo, pero no dije nada. Al rato mirando las pastillas que tenía que tomarme, recordé las ensaladas del viejo y la comida sin sal y pensé que no creía que estuviese falto de vitaminas. Aquel tipo, el carnicero, sabía lo que se hacía; para él no debía ser más que ganado, pero desde luego no permitiría que me pusiera enfermo, que se estropeara la mercancía. Hijo de puta. Palpé los vendajes por encima de las heridas y aunque eran molestos no estaban calientes y decidí que no es...