El caso Sarmiento -Capitulo IX- Doctor Vergonzoso
Leni Riefenstahl Me he dormido en el sofá, la televisión solo ofrece nieve y gruñidos, tras las ventanas el exterior se esconde en la oscuridad. Algo me ha despertado, pero no sé el qué. Esto es un recurso horrible, algo fatal en una historia; recuerdo leer en alguna parte el consejo, la orden perentoria, de que se podía comenzar una escena narrando como un personaje despertaba solo en el caso de que encontrase un desconocido en su cama o a él mismo transformado en insecto. Mis manos continúan siendo igual que siempre, no han cambiado en palpos, ni en extremidades serradas y no hay nadie a mi lado en el sofá, o sea que no parece un buen comienzo. Me despejo del todo cuando escucho los golpecitos en la puerta, son ligeros pero insistentes. Miro por la mirilla, es Einstein. Abro. —¿Qué hora es? —es lo único que se me ocurre decirle. —¿Hora?, no sé ¿Las dos? Sí, eso, las dos. —¿Por qué estás arañando mi puerta a la dos de la mañana, Einstein? ...