Entradas

El caso Sarmiento -Capítulo IV- Para que discutir, pudiendo pelear

Imagen
  William Randolf Hearts  Hay tres bares cerca de la estación, un par en la plaza de abajo y en el que estamos, encajonado en un rincón de la plaza de arriba, la que hay sobre el túnel del ferrocarril. Cada tren que pasa saluda haciendo dringar las cucharillas del café. —Me llaman Einstein —dice mi invitado con la boca llena del segundo croissant—, pero me llamo Albert. Es un chiste, por Albert Einstein, ¿lo pilla? —Sí, lo pillo. ¿Cómo quieres que te llame? Es una pregunta estúpida, no quiero llamarle de ninguna manera. Lo que quiero es que se largue, que se esfume de mi vida. ¿Entonces por qué te lo has traído al bar? Era la manera más fácil de sacarlo de frente mi puerta. ¿No tenías nada de curiosidad?, ¿curiosidad? ¿Por sobre cómo puede ser el novio de María? Uno que a mil metros se ve que está un poco ido, pero como otros por el estilo que he conocido la parte que se le marchó primero fue la de la vergüenza de pedir. Lo curioso es que no he dudado ni un momento de que es...

El caso Sarmiento -Capítulo III- Viejos y nuevos conocidos

Imagen
  Sargón de Acadia   María Sarmiento madre está en mi puerta, como ha conseguido llegar hasta aquí es un misterio; decido que como la tengo frente a mí no vale la pena pensar en ello. Tiene el mismo aspecto que le he conocido siempre, una mujer entre los cincuenta y los seis mil años perfectamente arreglada; más que vestida enfundada en ropas que ocultan totalmente su figura a la vez que prometen feminidad. Sus manos blancas, llenas de anillos, engarfiadas sobre su bolso son la única señal que delata la tensión que debe estar pasando. Con María Sarmiento madre he hablado pocas veces, la primera fue al pie de las escaleras de la casa familiar —la suya, no la mía— cuando fui a devolver un batiburrillo de llaves y documentación olvidado por su hija en la caja de mi motocicleta —¡cómo amaba aquella Vespa! Dios maldiga mil veces al hijo de puta que la quemó—. No veo ninguna manera de zafarme de la situación así que invito a pasar a la doliente con un gesto. —Madruga usted mucho Do...

El caso Sarmiento -Capítulo II- El éxito

Imagen
    Elisabeth Holmes Hay una cierta claridad en el aire y ya me he despertado. Todos los días me pasa, después doy vueltas en la cama persiguiendo enfadado un sueño que sé imposible de alcanzar. Pero hoy ni lo he intentado, siento que hay algo que está mal, algo más que molesto. Lo he arrastrado desde el día anterior, me ha acompañado al sueño, se ha negado a quedarse allí y ha reflotado conmigo hasta la vigilia. Ahora recuerdo que es: María ha muerto. María se ha matado. Una estúpida presentadora de televisión intentaba ayer convencerme en directo que yo era culpable de ello. Tenía un informe para justificarlo —¿de dónde sacaría los datos para llenarlo?—. Desde luego no conocía a María, no la había visto descender de la forma menos elegante posible por una espiral de autodestrucción. No la había visto como comenzaba a vagar por los bares durante dos o tres días sin dormir, sin parar de beber, apabullando a todo el mundo con su superioridad intelectual —que a nadie interesab...

El caso Sarmiento -Capítulo I- El apóstol de la infamia

Imagen
    Pedro Franqueza   Hay algo que no me gusta en esta tipa. He desconfiado de ella desde que le he puesto la vista encima. Acepto que soy un hombre lleno de prejuicios y no he podido dejar de pensar, mientras besaba sus mejillas y me dejaba acompañar a mi asiento, que para estar donde está ella ahora no basta con ser lista y tener padrinos, sobre todo has de ser una gran hija de puta de mirada franca y sonrisa preciosa. El resto de las sillas del plató permanecen vacías, aunque ella ya está hablándole al público, ya no hay dudad; es una encerrona, me había jugado los huevos a que lo era y mira, parece que los conservaré. Me dio mala espina desde que Vicente se presentó con la invitación al programa, no las recibes de un día para otro y la excusa de que había fallado no sé quién me pareció endeble. A Vicente también, solo se nos ocurrió que podría encontrarme con alguien en el plato, algún capullo con el que haya tenido un rifirrafe en algún otro plato, un escaldado...