El caso Sarmiento -Capítulo VIII- Cualidades ocultas
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| Cixí |
¡Complots! Me aburren sobremanera. Defiendo y se puede leer en mis papeles que cualquiera que haya acudido alguna vez a una reunión de vecinos o a una sesión del parlamento debe ser consciente de la dificultad de que este mono desnudo, que es el hombre, consiga ponerse de acuerdo en algo y no digamos después mantenerlo en secreto. Si se puede explicar cualquier cosa por un comportamiento estúpido de los participantes, ya no hace falta buscar complots.
Otra cuestión es que el hombre sea capaz de seguir de manera pública a un líder en la persecución de ideas estúpidas e inconcebibles, cuando más estúpidas e inconcebibles mejor. En mis escritos el líder se presenta siempre como el enemigo natural, parezco un entusiasta defensor del magnicidio. A lo mejor es cierto. ¿Es eso? ¿María creía que si señalaba un culpable yo no podría evitar echármele al cuello? ¿Tan heroico soy? ¿Tan heroico me veía ella? No.
Continúo leyendo, soy autor de dos artículos que parecen de un antiamericanismo total, en el primero defiendo que los Estados Unidos ganaron la guerra de Vietnam, en el papel a mí me parece que es evidente: murieron cincuenta mil soldados americanos contra más de dos millones de vietnamitas. Se detuvo el avance del comunismo, ¿no? y hoy en día el país entero es mano de obra barata para empresas americanas y francesas ¿Por qué entonces se presenta como una derrota? Quizás las derrotas son más fáciles de gestionar que las victorias, si no observar Irak. Tras una derrota puedes demandar más sacrificio, menos crítica a la masa.
En el otro escrito cuestiono la tesis de un biógrafo de Ronald Regan que defiende que el proyecto de la Guerra de las Galaxias fue un audaz plan para obligar a la URRS a emprender una espiral de endeudamiento que llevara a su destrucción. Parece olvidar que en una sociedad comunista el endeudamiento del estado es relativo —si no quiere pagar, no paga y punto— y que un esfuerzo bélico prolongado es de lo mejorcito para conservar a las masas hombro con hombro fabricando cañones y sin mantequilla. Mantengo que tal plan no existió, que es una interpretación a posteriori de lo que fue un robo de proporciones descomunales, mediante el cual se transferían ingentes recursos públicos al conglomerado militar-industrial —máximo valedor del vaquero presidente—, para financiar la lucha contra un enemigo muchísimo más débil de lo que se publicitaba —y de lo que les hubiera gustado—. Como colofón recuerdo que pese al ingente gasto la caída del muro de Berlín fue una sorpresa para todos, especialmente para la CIA.
¿Es criticar a los imperios una cualidad? ¿Lo es llegar a conclusiones contrarias a las de todo el mundo a partir de los mismos hechos?, ¿entenderlo todo al revés?, ¿es este mi otro súper poder además de la sordera selectiva?
En un opúsculo defiendo el retorno al kleros ateniense para la elección de los cargos públicos, pero no porque este de acuerdo con que las elecciones siempre favorecen a los ricos, famosos e influyentes y el sorteo sea una forma más igualitaria —que lo estoy—, sino porque los elegidos por el azar , es imposible que lo hagan peor que los que ocupan sus puestos hoy en día tras los escrutinios, ¿no es así? Esto solo en los tres primeros párrafos, luego me pongo a hablar de como se trucaba el kleroterion —el bombo de la lotería ateniense— y de la bolas frías y las calientes de la lotería mejicana, ¿En realidad a favor de qué estoy?, ¿me burlo del lector?
Después de releerme durante un rato llego a la conclusión que soy un idiota y exhibicionista. Mi especialidad parece ser abrirme el abrigo y agitar un pene intelectual —que definitivamente no es gran cosa— a diestro y siniestro. ¿Qué es lo que pretendo?, ¿qué la gente mire hacia abajo y tenga que reconocer que existo? Detesto la uniformidad cultural, los variados pensamientos únicos, la moral dominante, la fuerza bruta y la ignorancia, grito mucho, señalo los rincones oscuros, esperando que mis gritos despierten interés en alguien. Soy un mono gritón y lloriqueante, el ingenuo despertador de conciencias.
Releo más, intento ver lo que escribo como la obra de un extraño, en realidad es bastante divertido, una colección de chascarrillos, de cosas que parecen una y luego resultan ser otra, la obra de un ilusionista que saca palomas muertas del sombrero. No me pongo a favor ni en contra de muchos temas presuntamente candentes, les quito importancia y defiendo que la gente haga lo que quiera, mal consejo.
Al cabo del rato renuncio, recuerdo que tengo trabajo pendiente y vuelvo a la transcripción, a la reescritura de mi cuaderno. Sobre el papel uno de los personajes vive un conato de la primavera árabe con una mezcla de asombro y falta de interés, él solo quiere irse de allí. Lo consigue de la forma más sencilla, andando. Quedo muy satisfecho con mi antihéroe y decido que es un buen momento para hacer una pausa.
Ratoneo por la cocina y como algo, me dejo caer en el sofá y pongo el televisor. Imágenes de las grandes manifestaciones que recorren el país demandando la independencia llenan los informativos de algunas cadenas, en otras no pasa nada de esto en absoluto. ¿Cuál es la realidad? Sin duda un punto medio.
No pienso salir a defender ninguna bandera, cultura o lengua, de estas últimas soy de la opinión que el destino de todas ellas es fusionarse y que eso no será desaparecer, pretender lo contrario es estúpido. Los líderes de ambas facciones no están de acuerdo conmigo, hacen declaraciones altisonantes que me resultan aburridas. Un juez decreta una investigación sobre el desvío de fondos del gobierno regional desde partidas específicas a actividades separatistas, ordena a la Guardia Civil que se persone en una Consejería y requise cierta documentación, dos coches patrullas se trasladan a la sede e inmediatamente son rodeados por miles de manifestantes (¿de dónde salen, quién los convoca,en qué manera?) que enarbolan banderas y patriotismo. La situación se prolonga durante horas, los manifestantes no se retiran, los guardias no reciben refuerzos ni intentan abrirse paso. Los noticieros alaban la sensatez de una de las partes y la estupidez de la otra según su sesgo político. Desde la cúpula independentista parecen intentar demostrar el relato de que el gobierno central es de raíz fascista, violento y represivo, por el método de que las bases metan la cabeza dentro de las fauces del sistema para después hacerle cosquillas en la garganta con una pluma. El relato del gobierno central... ni siquiera me paro a escucharlo, no importa lo que diga, está tan feliz como un recién casado de que el ataque a la sacrosanta unidad de la nación haga olvidar la transformación en marcha de gigantescas cantidades de deuda privada en pública. Apago el televisor. Vuelvo a la mesa que me sirve de estudio, pero no abro mi libreta, distraído con un run run que regresa desde el fondo de mi mente.
¡María Sarmiento!, escribiéndome cartas o al menos sobres con mi nombre. Correspondencia erótica, correspondencia científica, ¿qué conocimientos científicos poseo? Si alguien me remitiese la fórmula de un gas nervioso como el mostaza o mil veces más potente ¿sabría reconocerla? No. Explosivos ¿sé algo de explosivos? Bien, algo sí que sé, pero solo lo que he leído aquí y allí, en mi vida se me ha ocurrido construir una bomba fuera de las páginas de un relato. Seguro que me estallaría en las manos. Detonadores, temporizadores, circuitos electrónicos, mecánicos, siempre me han parecido bonitas ilustraciones para estampar en camisetas, pero me parecen más enrevesados y menos inteligibles que la prosa de Joyce.
Leí Ulises, no entendí nada, porque no había nada que entender, creo que intenta reflejar la vida y esta no tiene una trama, un ritmo consistente, solo un principio y un final, de ninguno de los dos sueles ser o estar consciente.
Vuelvo a repasar mis escritos, leyéndolos en diagonal, gustándome en algún párrafo, sintiendo vergüenza en los que más. Poco más de seis mil páginas, poco más de la mitad editadas, públicas, el trabajo de años. ¿Por qué me busco aquí? María con razón o sin ella me despreciaba como escritor. Mucha gente me desprecia como escritor: soy un recién llegado, un diletante, un bocazas, un monstruo de feria. Cierro el procesador de textos, comprendo que mí, su, cualidad especial no la encontraré aquí.
El garaje es un pelo húmedo y fresco, he acabado aquí buscando algo, no recuerdo el que. Es un espacio totalmente desaprovechado, no tengo coche y antes de venir a vivir aquí me deshice de prácticamente todo lo que tenía, que era deshacerse de nada —un pensamiento me cruza la frente: de María S., también me deshice de ella —. Del antes solo me quedan una docena de cajas de cartón, que por uno u otro motivo han sido amnistiadas de un último viaje al contenedor y se han acantonado aquí en el garaje. Las abro una a una y repaso su contenido. Cuadros. Balbuceos en color, cuanto más recientes de paleta más breve, paisajes casi planos de cielos pesados. Nieblas. Contenidos de papeleras recortados, alisados y vueltos arrugar buscan difíciles equilibrios pegados sobre contrachapados. Han envejecido bien, no me hacen sonrojar; normal, nunca esperé mucho, todo lo que encontré fue un regalo. Recuerdo que estos que duermen en las cajas son los que consideraba los de peor calidad; en los que veía más chispa, esos siempre los regalaba. Durante mucho tiempo fui el que regalaba cuadros. ¿Cuántos estarán ahora colgados? ¿Cuántos en la basura? Me he reencontrado en esta caja, no ha sido desagradable. ¿Por qué dejé de pintar? Me digo que fue porque llegué al final del camino. No tengo otra explicación, no quiero otra explicación.
Abro otra caja, más dibujos, sobre todo chistes gráficos, los intentos de un tipo sin humor intentando pasar por gracioso. Historietas noir inacabadas. Debajo libros de cómics, obra de lo que realmente saben. ¿Qué hacen aquí cogiendo humedad? Peanuts, que va de cabeza a la estantería, Mafalda, todo seguido tras él. Regreso al garaje, abro otra caja, cintas VHS, casi todas copias ¿Cuántos años hace qué las llevo arrastrando detrás de mí? ¿Por qué no las he tirado? Porque me las grababa María Luisa, Marisa.
¿Cuántos años hace qué la llevo arrastrando su recuerdo, menos que eso: el fantasma de su recuerdo? Puedo olvidarla durante largos periodos y durante un segundo regresa al primer plano, la recuerdo y deseo... hacerle daño, algún daño terrible e irreparable. Explicarme la relación con Marisa todavía duele, no es un dolor de desamor, es un odio licuado del que sé no conseguiré librarme del todo. Aquella relación fue un desastre, una hecatombe, nunca mi cordura se vio tan en peligro y ¿por qué? Mi kriptonita sin duda es la indiferencia. Nunca me esforcé tanto en intentar conseguir que una relación funcionase y nunca fracasé más. Suele suceder.
De todas mis novias sin duda era la que estaba, está supongo, más jodidamente loca, no con la locura pirotécnica de María Sarmiento o la intelectualizada de Anna María, sino con una locura retraída, distante, solitaria, indiferente. ¿Por qué sufrí tanto con ella? Porque esperé algo de ella, ¿el perdón? La mierda Zen no se equivoca, la semilla del sufrimiento es el deseo.
Leo los títulos de las películas, escritos con su casi ilegible letra en etiquetas pegadas sobre las carcasas de plástico. Cuando Harry encontró a Sally, esa me encantaba, como todas las comedias románticas. En la caja hay unas pocas del género, no me hubiese importado un poco más de romanticismo real en nuestra relación. Leo más títulos, de las que más hay son de catástrofes, cintas de cine de catástrofes.
Era como un rito: tardes de domingo y ver cintas de cine de catástrofes, creo que la primera fue El coloso en llamas. Yo en realidad hubiera preferido follar, pero eso era una cosa muy complicada con ella, creo que su ciclo sería media vez cada tres semanas, con suerte, y el mío debía ser cada veinte minutos. ¡Dios!, qué joven era. Recuerdo que si al final del fin de semana me negaba a salir, ella me visitaba, desestimaba el sexo y a cambio me sobornaba con una cinta de cine de catástrofes, copia de algún ejemplar de la colección inacabable de su hermano el abogado—escultor—genio—cinéfilo—preferido-de-mamá. El coloso en llamas, La aventura del Poseidón, Aeropuerto... ¿Realmente me gustaban estas películas? Sí y no. Creo que como acepté ver la primera ella decidió que me gustaban y yo no lo negué. Porque necesitaba ser amado y estaba dispuesto a amoldarme a casi lo que fuera. Que estúpido que suena y que cierto. ¿Cuánto tiempo hace que no veo estas películas? Años, creo que la última vez que vi alguna fue con... ¡María Sarmiento!
No puede ser algo tan simple, tan estúpido. Vacío la caja y tal como recuerdo allí abajo está el reproductor SHARP de tropecientos cabezales, sé que funciona. ¿Qué tengo que hacer ahora?, ¿comenzar a poner cintas una tras otra hasta descubrir... el qué? ¿La semilla de un plan maligno? Aquí hay para escoger. Juggernaut trata de un atentado en un crucero; cruceros hay a puñados en el puerto, cada día desembarcan dos o tres. Terremoto, es imposible provocar uno, descartada. Pánico en el estadio o Domingo negro van casi de lo mismo: del terror de las masas aplastando literalmente al individuo; esto funcionaría, el estadio de la ciudad es una atracción turística. Avalancha, El Enjambre, El síndrome de China, Meteoro, El día después... ¿Cuál de estas vi con María Sarmiento? Me quedo en blanco. No importa, ya lo recordaré.
María, ¿qué pensaste?, ¿qué yo creería, vería viable, cualquier plan descabellado, debido a mi afición al cine catastrófico? ¿Que haría algo? ¿El qué? ¿Aterrorizarme ante tu maldad?, ¿culparme por ella? ¡Vamos, anda!
Pierdo el tiempo un rato desembalando el video-casete e intentando conectarlo a mi televisor, al final resulta más fácil de lo que esperaba. Cojo una cinta cualquiera entre todas y me quedo con ella en la mano, El hundimiento del Japón, llego a introducirla en el videocasete, pero me pregunto ¿por qué he de darle al botón de play?, ¿para qué? Creo recordar perfectamente la trama, olas y olas destruyendo maquetas preciosistas que ahora me parecerían, ¿qué me parecerían? Naïf.
Naíf, ingenuo, los problemas complejos parecen tener respuestas sencillas que suelen ser, son, mentira. ¿Qué dijo el Querubín Trajeado? Penitenciar a unos cuantos y conseguir así salvar un gran número de almas. Carguémonos a unos pocos y el resto nos obedecerán. Al fin y al cabo, es por su bien, ¿mentes que aceptan esta aritmética?, las que aceptan que unas almas, casualmente las suyas, tienen más valor que las otras.
Vergonzoso ¿Sabe el Querubín Trajeado quién es Vergonzoso? ¿Existe Vergonzoso?, tiene nombre de enanito de Blancanieves, ¿Mató a María? Pongo en marcha el vídeo, el Japón se hunde irremisiblemente en el océano. Miro sin ver la película. Los ojos se me cierran, llevo demasiado tiempo hurgándome la cabeza buscando respuestas sin conocer la pregunta, sin creer en ella. Recuerdo unas palabras de María, algo en referencia a que la gente cree posible, real, cualquier cosa si se la enseñan en televisión.
